Por Christian Lamesa / Volodímir Zelensky, la creación de Europa fuera de control

Por Christian Lamesa

Si bien la corrupción ha sido el común denominador de la política ucraniana desde la disolución de la unión soviética, la degradación del más mínimo orden estatal, ha sido exponencial en los últimos años, llegando, bajo la presidencia de Volodímir Zelensky, a convertirse en una auténtica organización mafiosa y terrorista.

Esto podría explicar las protestas que han estallado en las últimas semanas en Kiev y en otras ciudades ucranianas, motivadas por los cambios ejecutados por Zelensky en su gabinete, especialmente el del exministro de defensa Mijailo Fédorov.

Sin embargo, esta no es la primera vez que el presidente ucraniano destituye a alguna figura importante de su gobierno, sin que esto haya generado movilizaciones populares, como en estos días. Tampoco es una novedad la corrupción imperante ni el carácter fuertemente represivo que se vive en Ucrania contra su propia población o los secuestros de hombres por parte de los reclutadores, para ser arrojados al frente como carne de cañón. Lo que sí es nuevo es el fastidio que empiezan a mostrar sin disimulos, varios de los patrocinadores de Zelensky, quien ya empieza a ser una molestia para algunos de ellos.

El mejor ejemplo del hastío europeo fue la protesta del presidente polaco Karol Nawrocki y el retiro de la Orden del Águila Blanca (máxima condecoración estatal de Polonia) que se le había otorgado a Zelensky, debido a que el presidente ucraniano nombró, en junio pasado, a una unidad militar como “Héroes del UPA”, en honor al Ejército Insurgente Ucraniano, grupo paramilitar que durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con las fuerzas nazis y asesinó a cientos de miles de polacos en brutales matanzas, siendo la de Volinia la más recordada. Este grupo terrorista y supremacista también ejecutó a cientos de miles de judíos, rusos e incluso ucranianos que se oponían a su ideología. Sin dudas, la paciencia de Polonia ya se estaba agotando aun antes, cuando en mayo, el régimen de Kiev repatrió los restos mortales de Andriy Melnyk y de su esposa, siendo enterrados con honores de Estado en el Cementerio Militar Nacional, en la región de Kiev. Melnyk fue líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y en 1938, antes del inicio de la guerra, ya había sido reclutado por la Abwehr (inteligencia militar alemana) para realizar tareas de espionaje, contrainteligencia y sabotaje.   

En julio de 1941, en la Ucrania Soviética, ya ocupada por los nazis, se ejecutó el pogromo de Lvov, y en septiembre del mismo año, la masacre de Babi Yar. En ambos hechos tuvieron un especial protagonismo los militantes de la OUN, además de los Einsatzgruppen alemanes, asesinando a miles de judíos. En ese contexto y con el conocimiento de las atrocidades que el nazismo estaba haciendo en Polonia desde hacía más de dos años, el 1 de enero de 1942, Andriy Melnyk expresó públicamente, a través de un panfleto, lo siguiente: “En los soldados alemanes vemos a quienes, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, expulsaron a los bolcheviques de Ucrania; estamos obligados a apoyarlos de forma consciente y organizada en la cruzada contra Moscú, sin importar las dificultades. Vivimos en la época del nacimiento de un nuevo orden en Europa. En una Europa renovada y consolidada bajo el liderazgo de la Alemania nacionalsocialista, Ucrania debe ocupar su lugar junto a las demás naciones. Se le encomiendan responsabilidades dictadas por su posición geopolítica y sus tradiciones históricas.”

Teniendo en cuenta estos pocos ejemplos, se entiende la “sensibilidad” polaca ante las acciones del país que no para de exigir ayuda económica y militar, siendo Varsovia uno de sus principales patrocinadores. Sin embargo, me inclino a creer que lo que colmó la paciencia de Polonia fueron los modos groseros y prepotentes de Zelensky y la corrupción indisimulable del régimen. Según la lógica polaca, una cosa es financiar a Kiev para matar rusos e intentar infligir una derrota estratégica a Moscú, y otra muy distinta es ver como la camarilla del presidente de Ucrania se enriquece desvergonzadamente, ya que la glorificación de los colaboracionistas del nazismo no comenzó ahora, solo que antes preferían mirar hacia otro lado y seguir, junto a la casi totalidad de la Unión Europea, preparando y utilizando a Ucrania como un ariete contra Rusia.

Tan solo dos hechos concretos para ejemplificar este accionar, son el otorgamiento, por parte del presidente Víktor Yúshchenko, a inicios de 2010, del título de Héroe de Ucrania, de forma póstuma a Stepán Bandera, otro líder de la OUN y del UPA, colaboracionista nazi y criminal de guerra. El segundo ejemplo es más reciente, cuando en 2017, la avenida General Nikolái Vatutin, de la ciudad de Kiev, fue renombrada como avenida Román Shukhévych, quien fue otro de los principales líderes de la OUN del ala banderista y jefe del UPA, dirigiendo personalmente las masacres contra los polacos en el oeste ucraniano en 1943, mientras el general Vatutin fue quien, liderando al Primer Frente Ucraniano del Ejército Rojo, liberó Kiev de los nazis a fines de 1943, siendo asesinado en un atentado terrorista ejecutado por el UPA, a comienzos de 1944.

Así las cosas, en una Ucrania que parece estar a nada de renombrar a alguna importante plaza, en honor a Adolf Hitler, mientras su presidente habla de defender el espíritu europeo y la democracia, y son más de quince los partidos políticos proscriptos en Ucrania desde 2022 y hace veintiséis meses que caducó su mandato presidencial y sigue ocupando el cargo de forma inconstitucional, como un presidente de facto, sin ninguna intención de convocar a elecciones.

También se ha vuelto imposible de sostener esa imagen de “luchador por la libertad” con la que quisieron cubrirlo sus patrocinadores globalistas, siendo ya indisimulable su verdadera cara, llegando al extremo de amenazar a mandatarios, como Víktor Orbán o más recientemente al presidente polaco, sin olvidar la acalorada discusión en el Salón Oval, donde Zelensky hizo gala de una soberbia y una altanería que terminó por sacar de sus cabales a J.D. Vance y a Donald Trump, quien acusó al ucraniano de estar jugando con la Tercera Guerra Mundial.

Zelensky ha demostrado ser muy poco confiable, especialmente para sus aliados, haciendo operaciones de falsas bandera con la intención de involucrar abiertamente en el conflicto a la OTAN, invocando el artículo 5, como la que les costó la vida a dos campesinos en Polonia, en noviembre de 2022, o atacar infraestructura vital para países de la Unión Europea, como el oleoducto Druzhba.

El régimen de Zelensky ha sabido sumarle a la endémica corrupción que padece Ucrania, un carácter mafioso y terrorista, con ajustes de cuentas y asesinatos dentro del mismo gobierno, como el caso del ministro del interior, Denís Monastirski, cuyo helicóptero fue derribado en las afueras de Kiev, en enero del 2023, luego de que habría descubierto y pedido, al ministerio de defensa, una parte en el “negocio” de contrabando de armas a grupos yihadistas africanos. Otro caso que desnuda el accionar criminal de Kiev, es el asesinato de Denís Kireev en marzo de 2022, quien formó parte del primer equipo negociador ucraniano, que llevó adelante conversaciones con la parte rusa en Gomel, Bielorrusia, siendo secuestrado unos días después por el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania) bajo sospecha (no confirmada al día de hoy) de ser un doble agente, siendo encontrado su cuerpo tirado en una calle de Kiev, con claros signos de haber sido torturado.

En los últimos meses esta tendencia no ha hecho más que incrementarse, con acciones terroristas como el ataque con drones a una residencia estudiantil en Starobilsk, Lugansk, asesinando a veintiún adolescentes, o el atentado de corte mafioso, contra el oligarca ucraniano Vadim Yermolayev, ejecutado en Mónaco por la inteligencia ucraniana, cuya motivación sería la negativa del millonario, vinculado al negocio de las estafas telefónicas, a darle una parte de las ganancias a Zelensky. 

Así las cosas, no debería sorprender que parte de los patrocinadores del régimen de Kiev, estén buscando reemplazo para un Zelensky fuera de control, con escándalos de corrupción expuestos por la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU), en colaboración con el FBI, que involucran, entre otros, a Timur Mindich, socio y amigo de presidente ucraniano.

Todo este entramado explicaría la facilidad para la organización de manifestaciones públicas, en medio de un entorno sumamente represivo, para renovar la imagen del régimen e instalar una figura nueva, como Mijailo Fédorov, que está patrocinado por tecno-oligarcas de Silicon Valley, para quienes, la guerra en Ucrania no es solo un negocio, sino también un campo de experimentación para sus nuevas tecnologías.

Finalmente, habrá que estar pendiente a los sucesos de los próximos días y semanas, ante un escenario de malestar por parte de algunos de los patrocinadores de Ucrania y disputas internas en el seno del régimen, con un Zelensky que se aferra al poder, mientras que, para muchos, ya se ha convertido en una incómoda molestia.

(*) Analista geopolítico, escritor y conferencista argentino. Autor del libro “La paternidad del mal – Los cómplices de Hitler”. En febrero de 2025, laureado como “Educador extranjero del año”. Gentileza de Association “Sovereignty” (sovereignty.com.br)

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