Murió Ali Khamenei, el ideólogo de brutales asesinatos y atentados

Ali Khamenei, líder supremo del régimen de Irán, fue abatido en los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel en Teherán. La información fue confirmada por el presidente Donald Trump después de varias horas de incertidumbre sobre su paradero.

“Khameneí, una de las personas más malvadas de la Historia, está muerto”, comienza, contundente, su mensaje publicado en la red social Truth Social.

“Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países en todo el mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Khamenei y su banda de matones sedientos de sangre”, agregó el presidente nortamericano, quien afirmó que “esta es la mayor oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país”.

El régimen iraní admitió la muerte de su líder supremo con un mensaje publicado en la cuenta oficial de Ali Khamenei en las redes sociales: “En nombre del noble Ali, que la paz sea con él”.

La prensa israelí informó que tanto Trump como el premier israelí vieron “una foto del cuerpo” de Khamenei. “Altos cargos israelíes fueron informados de la eliminación de Khamenei. Su cuerpo fue retirado de entre los escombros de su complejo” residencial, indicó la cadena pública KAN.

Según la cadena Channel 12, “una foto del cuerpo les fue mostrada a Netanyahu y a Trump”.

Alí Khamenei ocupó el cargo de líder supremo desde 1989, tras la muerte del ayatolá Ruhollah Khomeini, el arquitecto de la Revolución iraní de 1979. Antes de asumir el liderazgo supremo, Khamenei fue el primer clérigo en presidir el país, entre 1981 y 1989. Su ascenso a la cúspide del poder requirió una reforma constitucional, ya que originalmente solo los ayatolás de mayor reconocimiento podían aspirar al cargo. La Constitución se modificó para permitir que un experto en jurisprudencia islámica, como Khamenei, pudiera ser designado líder supremo, y posteriormente se le otorgó el título de gran ayatolá o marya.

Nacido en Mashad en 1939, provenía de una familia clerical y comenzó su formación religiosa desde joven, estudiando en las ciudades santas de Najaf (Irak) y Qom (Irán). Fue discípulo de Khomeini y se destacó como opositor al régimen del sah Mohamed Reza Pahlavi, lo que le llevó a ser encarcelado en varias ocasiones. Tras el triunfo de la Revolución, Khamenei ocupó cargos clave en el nuevo régimen, incluyendo la comandancia de la Guardia Revolucionaria, la diputación y la dirección del Partido República Islámica.

En 1981, sobrevivió a un atentado perpetrado por la organización islamista Muyahidines del Pueblo, que le dejó la mano derecha inmovilizada. Ese mismo año, ganó las elecciones presidenciales y lideró el país durante dos mandatos consecutivos, coincidiendo con los ocho años de guerra entre Irán e Irak. Esta etapa lo consolidó como una de las figuras más cercanas a Khomeini y le permitió fortalecer su posición dentro del régimen.

La designación de Khamenei como líder supremo no estuvo exenta de controversia. Inicialmente, Khomeini había señalado al ayatolá Hosein Alí Montazeri como su sucesor, pero lo descartó tras recibir críticas de su parte, eligiendo finalmente a Khamenei. Por ese motivo, su legitimidad se vio cuestionada en sus primeros años, pero logró consolidar su poder mediante el control de las principales instituciones del Estado y el fortalecimiento de la Guardia Revolucionaria.

El sistema judicial, otra de sus bases, está completamente fuera del control del ejecutivo y del legislativo, haciendo del sector judicial un instrumento represivo utilizado para la persecución de la disidencia. Todos estos mecanismos en manos del Líder Supremo acorralan el poder del Presidente de la República, el Parlamento y otras instituciones electivas.

A través de la creación de una estructura paralela de gobierno, prácticamente todos los ministerios cuentan con su equivalente en la “corte” del Líder Supremo. El control de los ministerios centrales —el de Interior, el de Inteligencia, de Educación Nacional y Asuntos Exteriores—, convirtieron a Khamenei en el titular del auténtico poder en la sociedad iraní.

Islamista, antiimperialista y antisionista, Khamenei manejó la región, respaldando en Siria al ahora depuesto régimen de Bashar al-Assad, a Hezbollah en Líbano, defendiendo a las tendencias chiitas en Irak y financiando a Hamas en los territorios palestinos. Así consolidó, hasta su muerte, su posición como figura principal del régimen iraní y última instancia en las decisiones políticas y económicas del país.

“Desde su llegada al poder en 1979, el régimen iraní ha estado implicado en asesinatos, complots terroristas y atentados terroristas en más de 40 países”, reveló el 22 de mayo de 2020 el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, recogido por múltiples agencias. Ese número se fue multiplicando y, bajo el poder de Ali Khamenei, estas operaciones tomaron un carácter sistemático.

Uno de los capítulos más oscuros de la era Khamenei fue la reorganización de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, a la que se encomendó actuar en el extranjero.

En 1994, el atentado suicida contra la mutual judía de la AMIA en Buenos Aires dejó 85 personas muertas y cientos de heridos. El ataque fue perpetrado por Hezbollah y, según descubrió la investigación, contó con apoyo de la República Islámica. Como resultado, Interpol emitió órdenes de detención contra ocho funcionarios iraníes, entre ellos el ministro de Inteligencia Ali Fallahian, el ministro de Asuntos Exteriores Ali Akbar Velayati y Mohsen Rezaei, comandante de la Guardia Revolucionaria.

En el último año, esa arquitectura regional comenzó a resquebrajarse de modo acelerado. El llamado “eje de la resistencia” —la red de milicias, organizaciones y Estados cliente que extendían la influencia iraní— fue golpeado sucesivamente.

Hezbollah, la organización más sofisticada apoyada por Teherán, sufrió pérdidas inéditas ante Israel: decenas de sus comandantes de alto rango fueron eliminados, incluyendo a su secretario general, Hassan Nasrallah, asesinado el 14 de septiembre de 2024. La organización, que había llegado a contar con más cohetes que varios ejércitos regulares, vio menguado su arsenal y diezmada su cúpula.

Hamas sufrió también pérdidas significativas en Gaza luego del sanguinario ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel. La respuesta militar israelí destruyó gran parte de su infraestructura y eliminó a gran parte de su liderazgo militar.

El golpe más estratégico llegó en diciembre de 2024, cuando el régimen de Bashar al-Assad en Siria colapsó ante el avance de fuerzas rebeldes. La caída de Damasco privó a Irán de su acceso terrestre al Mediterráneo, necesario para abastecer a Hezbollah y otras milicias aliadas. Sin este vínculo, la proyección de poder iraní hacia el Mediterráneo resultó profundamente limitada.

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