La construcción de una red mundial de seguridad de cables submarinos más resiliente a través de la Iniciativa RISK
Por Lin Chia-lung
En los últimos años, varios cables submarinos y oleoductos energéticos clave en Europa y la región del Atlántico Norte han sufrido daños provocados por acción del ser humano, lo que ha puesto a los gobiernos en estado de máxima alerta. Incidentes frecuentes de rotura de cables también se han registrado en Asia y en los Estados insulares del Pacífico, impulsando la activación de mecanismos locales de respaldo de emergencia y de respuesta ante riesgos. Estos hechos nos recuerdan reiteradamente que, en la era digital, no solo los centros de datos sostienen el funcionamiento global: una red de cables que se extiende miles de kilómetros bajo el mar es igualmente crucial. Más aún, la supervivencia de numerosos países depende de las líneas vitales que les proporcionan la energía y la electricidad.
Quien controla el flujo de la información puede influir en el funcionamiento del mundo. Y quien controla la energía y la electricidad puede, en gran medida, decidir el destino de las naciones. Los cables submarinos constituyen un elemento de infraestructura extremadamente crítico, aunque con frecuencia pasado por alto en el mundo actual.
La seguridad de los cables submarinos: una cuestión de seguridad nacional y geopolítica
En un contexto de rápidas transformaciones del panorama global, se ha producido un cambio fundamental en la percepción de los cables submarinos, especialmente para Taiwán, que depende en gran medida de las comunicaciones submarinas y de las líneas de energía y electricidad para sostener su economía digital y el bienestar de su ciudadanía. La seguridad de los cables submarinos no es únicamente una cuestión tecnológica o industrial; se trata de un activo estratégico de gran relevancia para la seguridad nacional, la resiliencia y la geopolítica.
En los últimos años se han registrado múltiples casos de daños a cables submarinos en las aguas circundantes a Taiwán, en particular en el Estrecho de Taiwán, con una frecuencia y características que han despertado gran atención y evidencian que los riesgos continúan en aumento. A inicios de 2025 se produjeron incidentes sucesivos. Cables internacionales frente a las costas de Keelung resultaron dañados por el Shunxing 39, un carguero con bandera de Camerún y vínculos con China. Asimismo, el cable submarino Taiwán–Penghu N.º 3 fue cortado por el Hong Tai 58, un buque de carga con bandera de Togo operado con capital chino. Como forma de acoso en la “zona gris” y de amenazas híbridas, el sabotaje de cables submarinos constituye una maniobra de bajo costo pero de alto impacto, que afecta gravemente el funcionamiento de la sociedad y las conexiones internas y externas de un país.
Aún más preocupante resulta que, en los ámbitos político y jurídico, China esté tergiversando la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, intentando vincular forzosamente este tema con su denominado “principio de una sola China”. De este modo, reprime la participación internacional de Taiwán y limita la libertad de otros países para perseguir sus propios intereses, con la intención de aislar a Taiwán y crear una base legal para una eventual invasión. Al mismo tiempo, mediante diversas acciones en el aire, en el mar y bajo el mar, China está modificando unilateralmente el status quo en el Estrecho de Taiwán.
En el espacio aéreo, China ha impuesto unilateralmente nuevas rutas de vuelo y realizado ejercicios militares con el fin de obstaculizar las conexiones aéreas de Taiwán con el exterior. En el ámbito marítimo, busca bloquear las operaciones de libertad de navegación llevadas a cabo por buques militares internacionales y convertir el Estrecho de Taiwán en aguas interiores propias, lo que afectaría el transporte marítimo global. Bajo el mar, al intentar aislar la isla principal de Taiwán de sus islas periféricas e incluso cortar sus conexiones internacionales de cables submarinos, China procura obstaculizar el flujo tanto de información como de capital.
Estas acciones no solo amenazan la seguridad de Taiwán, sino que también plantean enormes riesgos para la estabilidad regional y las redes digitales a nivel mundial. Taiwán es un eslabón clave en las cadenas globales de suministro. Interrumpir cualquiera de sus conexiones con el exterior no solo podría aislar a Taiwán, sino también quebrar vínculos entre distintas regiones del mundo, generando una conmoción global de gran magnitud. En efecto, los daños a los cables submarinos y su impacto en los flujos de capital e información podrían provocar un impacto insoportable para el sistema económico mundial altamente digitalizado y orientado a la información, que actualmente avanza en el desarrollo de la Inteligencia Artificial.
Responder a los riesgos mediante marcos institucionales: transformar la experiencia de Taiwán en soluciones internacionales
Frente al uso cada vez más frecuente de tácticas de “zona gris”, por parte de fuerzas autoritarias, destinadas a perturbar el orden internacional y amenazar la seguridad de infraestructuras críticas, Taiwán ha optado por afrontar los riesgos de manera directa mediante marcos institucionales y cooperación. Recientemente, el Yuan Legislativo aprobó en tercera lectura enmiendas a siete leyes presentadas por el Yuan Ejecutivo, diseñadas para fortalecer de forma integral la protección, la gestión y los mecanismos de aplicación relacionados con cables y oleoductos submarinos. Estas medidas legales servirán para disuadir daños maliciosos e infracciones regulatorias, abordar desafíos de seguridad de larga data y subrayar el compromiso del gobierno con la seguridad de los cables submarinos como pilar central de la resiliencia nacional.
Paralelamente, Taiwán explora la manera de traducir su experiencia en soluciones de política pública que puedan compartirse con la comunidad internacional. En octubre de 2025, durante el Foro de Seguridad de Cables Submarinos Taiwán–Europa, coorganizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la rama europea del Formosa Club, propuse la Iniciativa RISK de Gestión de Cables Submarinos Internacionales. Esta iniciativa recibió el respaldo de 42 parlamentarios de 18 países europeos y fue incorporada en la declaración conjunta adoptada en la cumbre anual del Formosa Club celebrada en Taipéi. Este paso simboliza la evolución de Taiwán, que pasa de ser un actor afectado por el problema a convertirse en un proponente activo de iniciativas institucionales.
La Iniciativa RISK: hacia una red internacional de seguridad de cables submarinos más resiliente
La Iniciativa RISK se centra en la gestión del riesgo a través de cuatro objetivos de política interrelacionados y mutuamente complementarios. En primer lugar, la mitigación de riesgos, que busca reforzar las capacidades de reparación de emergencia y de respaldo mediante la coordinación transnacional.
En segundo lugar, el intercambio de información, orientado a establecer mecanismos de intercambio de inteligencia sobre amenazas y sistemas de alerta temprana.
En tercer lugar, la reforma sistémica, que pretende revisar las deficiencias de las regulaciones internacionales y nacionales existentes frente a las amenazas híbridas.
Y en cuarto lugar, la construcción de conocimiento, enfocada en mejorar de manera integral la protección y la resiliencia a través de la capacitación profesional y los intercambios prácticos a nivel internacional. Estos cuatro pilares, interconectados y reforzándose entre sí, tienen como objetivo final la creación de una red internacional de seguridad de cables submarinos más resiliente y sostenible.
Para convertir la visión en acción, Taiwán ha diseñado una vía de cooperación multinivel que permitirá avanzar de forma gradual en los marcos institucionales y en la cooperación sustantiva. Esperamos trabajar junto a socios afines para construir una red resiliente de seguridad de cables submarinos y garantizar que estos se conviertan en un bien público global protegido de manera colectiva, en lugar de un punto de vulnerabilidad para las sociedades democráticas.
A nivel parlamentario, mantenemos una comunicación estrecha con países como Estados Unidos, Japón y Australia, así como con naciones europeas, a través de nuestras misiones en el exterior, con el fin de asegurar apoyo político y promover la inclusión de la seguridad de los cables submarinos en resoluciones favorables a Taiwán, integrando así este tema en la agenda política común de los socios democráticos.
A nivel administrativo y de aplicación de la ley, buscamos cooperar con guardias costeras y autoridades de cables submarinos de otros países para realizar intercambios y establecer mecanismos de cooperación a largo plazo. Ello incluye el intercambio de información sobre embarcaciones subestándar y el compartir inteligencia sobre cables vulnerables, lo que fortalecerá las capacidades de alerta temprana y de respuesta. Asimismo, implica promover el desarrollo y la aplicación de tecnologías que faciliten el mantenimiento de la seguridad de los cables submarinos y el uso de herramientas tecnológicas para apoyar las labores de fiscalización.
En cuanto al desarrollo de políticas e instituciones, Taiwán sitúa la Iniciativa RISK en el centro de sus esfuerzos, colaborando con centros de iniciativas y expertos nacionales e internacionales para profundizar el consenso mediante seminarios e intercambios profesionales. Además, aprovechando el Marco Global de Cooperación y Capacitación (GCTF), Taiwán convocará a especialistas de diversos países para examinar conjuntamente medidas concretas de prevención y mitigación de riesgos para preservar los cables submarinos. También estamos facilitando intercambios internacionales para nuestros expertos y académicos con socios afines, de modo que compartan sus experiencias en mantenimiento, reparación y aplicación de la ley, sentando así una base sólida de conocimiento y confianza para la cooperación a largo plazo.
Proteger los cables submarinos para salvaguardar la conectividad de la comunidad democrática
En los últimos años, las democracias —incluidos los países de la Unión Europea, así como el Reino Unido, Estados Unidos, Japón y Australia— han reconocido los cables submarinos como infraestructura crítica esencial para la seguridad nacional y el orden digital global, y han buscado reforzar su protección mediante legislación, planes de acción y cooperación transnacional.
Los cables submarinos son más que simple infraestructura: porque constituyen un bien público dentro de la economía digital global y son líneas vitales que conectan a las sociedades democráticas. Taiwán está dispuesto y capacitado para desempeñar un papel clave como eje en la red mundial de seguridad de cables submarinos, trabajando codo a codo con socios afines para proteger conjuntamente estas arterias críticas que garantizan el funcionamiento del mundo.
(*) Ministro de Relaciones Exteriores de la República de China (Taiwán)




