Por Ricardo Sánchez Serra / Sáhara marroquí: entre la realidad del progreso y la ficción de la IV Comisión

Por Ricardo Sánchez Serra

El próximo mes de octubre, la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas -encargada de los asuntos de descolonización- volverá a reunirse para emitir una resolución sobre el Sáhara. Y como cada año, lo hará desde una inercia ideológica que parece anclada en la década de los setenta, ignorando los cambios geopolíticos, las realidades sobre el terreno y las voces que claman por soluciones audaces.

He tenido el honor de participar como peticionario en varias sesiones de esta Comisión. Hablar ante los representantes de los Estados miembros de la ONU es una experiencia que conmueve: es el privilegio de ser escuchado desde todos los confines de la tierra. Pero también es una oportunidad para constatar una paradoja dolorosa: mientras el Consejo de Seguridad adopta un enfoque realista y pragmático, la IV Comisión repite resoluciones que no tienen impacto ni reflejo en la vida de los saharauis.

¿Alguien conoce las resoluciones retro de la IV Comisión? ¿Alguien puede citar una que haya cambiado la vida de los saharauis? La mayoría son textos repetitivos, sin trascendencia, redactados con fórmulas que parecen calcadas de los años de la Guerra Fría. Sus miembros no se atreven a innovar, ni a asumir el liderazgo histórico que exige este conflicto. Parecen más interesados en mantener una rutina que en ofrecer soluciones.

La IV Comisión no ha visitado los campamentos de Tinduf, en Argelia, desde hace más de cuatro décadas. Allí, miles de saharauis sobreviven en condiciones inhumanas, privados de sus derechos fundamentales, especialmente de la libertad. Tinduf no es un refugio: es una cárcel a cielo abierto, donde el terrorista Frente Polisario -apoyado por Argelia- mantiene a la población como rehén de una causa estancada. La Comisión tampoco visita las provincias del sur de Marruecos, como El Aaiún y Dakhla, donde los saharauis viven en libertad, participan en elecciones, acceden a servicios públicos y son parte activa del desarrollo nacional.

La IV Comisión no menciona en sus resoluciones quiénes obstaculizan las negociaciones. No señala a Argelia, que financia y arma al Frente Polisario. No denuncia que ese grupo terrorista, utiliza a los saharauis como carne de cañón en un conflicto que amenaza con escalar. Y tampoco se sabe que Marruecos ha presentado una propuesta de autonomía seria, creíble y realista, respaldada por más de 100 países y con más de 30 consulados honorarios abiertos en sus provincias del sur.

Liderazgo con visión de futuro

Nada de lo que Marruecos ha logrado en sus provincias del sur sería posible sin el liderazgo visionario de Su Majestad el Rey Mohammed VI. Desde el inicio de su reinado en 1999, el monarca ha transformado la gestión del Sáhara marroquí, pasando de la defensa a la iniciativa. Su propuesta de autonomía ha sido reconocida por el Consejo de Seguridad de la ONU durante 18 años consecutivos como una base seria, creíble y realista para alcanzar una solución política duradera.

El Rey no solo ha impulsado una diplomacia activa y respetuosa, sino que ha lanzado un ambicioso modelo de desarrollo para el Sáhara, con inversiones en infraestructura, energías renovables, educación, salud y conectividad. Proyectos como el megapuerto de Dakhla, la autopista Tiznit-Dakhla y los nuevos polos turísticos son testimonio de una visión estratégica que une soberanía, progreso y dignidad.

Gracias a esa visión, Marruecos no solo ha consolidado su presencia en el sur, sino que se ha convertido en un puente entre África, Europa y el mundo árabe. El Rey Mohammed VI ha demostrado que el desarrollo territorial no es retórica: es acción, futuro y paz.

A diferencia de la retórica estancada, Marruecos ha optado por la acción. En sus provincias del sur se construyen escuelas, hospitales, carreteras, centros de formación profesional y espacios culturales. El megapuerto de Dakhla, en plena construcción, será el más moderno del Atlántico Sur africano. Se convertirá en un hub logístico, turístico y comercial que conectará África con Europa y América. Este proyecto, junto con otros polos de desarrollo, demuestra que Marruecos no espera resoluciones: trabaja por el bienestar de todos sus ciudadanos, incluidos, claro está los saharauis.

La propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007 ante la ONU no es una maniobra política: es una vía de solución. El Consejo de Seguridad la ha reconocido como una base válida para avanzar hacia una solución negociada. Estados Unidos, Francia, España, Alemania, Bélgica y decenas de países la respaldan. Casi la totalidad de los países árabes la apoyan, y España -por haber sido la potencia colonial- tiene una autoridad moral especial al reconocerla. También varios países latinoamericanos han expresado su respaldo. ¿Por qué la IV Comisión no la incluye en sus resoluciones? ¿Por qué sigue aferrada a un referéndum inviable, que ni siquiera figura como objetivo en las resoluciones del Consejo desde hace más de una década?

El Perú debe abrir los ojos

La ONU está estancada en este tema porque falta valentía. Como se dice con crudeza: la ONU es lo que algunos países quieren que sea. Y si esos países prefieren prolongar el conflicto, la IV Comisión seguirá repitiendo resoluciones vacías. La solución está en que más países respalden la autonomía. Incluido el Perú, que hasta ahora ha preferido cerrar los ojos ante la realidad y esperar que la ONU lo resuelva todo. Pero eso está muy lejos de ocurrir.

El pueblo saharaui merece una solución, no una prolongación de su agonía. Marruecos ha tendido la mano. Ha invertido en paz, en desarrollo, en integración. El mundo lo ha reconocido. Solo falta que la IV Comisión deje de mirar al pasado y se atreva, de una vez por todas, a mirar al futuro.

(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”

MÁS LEÍDAS DE LA SEMANA

TENDENCIA

spot_img

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Categorías Populares

spot_imgspot_img