La prevención del consumo de sustancias psicoactivas se ha convertido en un tema urgente en la agenda de la salud mental. En el Perú, especialistas advierten que el inicio del consumo ocurre cada vez a edades más tempranas y con sustancias de mayor impacto. En el programa Cayetanamente, emitido por cayetano.plus y conducido por la doctora Dany Araujo, la psicóloga clínica, licenciada Nancy Valdez Huarcaya, egresada de la maestría en Farmacodependencia de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, abordó esta problemática con un enfoque claro: prevenir es vivir mejor.
Durante la entrevista, la especialista ofreció un panorama actual sobre el consumo de alcohol y otras sustancias, además de alertas tempranas y recomendaciones prácticas dirigidas a padres, docentes y jóvenes.
Un inicio cada vez más temprano y riesgoso
Uno de los aspectos más preocupantes es el cambio en los patrones de consumo. Según explicó Valdez, los adolescentes ya no comienzan con bebidas de bajo contenido alcohólico como la cerveza, sino con opciones más fuertes.
“Lo que ha cambiado, y eso es lo más preocupante, es que antes la mayoría empezaba con cerveza; ahora los chicos empiezan con bebidas con mayor contenido de alcohol como vodka, ron o whisky”, señaló.
Este cambio no es menor. El impacto del alcohol en el cerebro es más intenso y puede acelerar procesos de deterioro o dependencia. A ello se suma un fenómeno creciente en el ámbito universitario: el aumento del consumo en mujeres.
“El consumo de los hombres se mantiene alto, pero el de las mujeres ha aumentado”, indicó. Sin embargo, advirtió que, aunque exista una búsqueda de igualdad social, biológicamente hombres y mujeres procesan el alcohol de manera distinta, lo que incrementa los riesgos para ellas.
El entorno familiar: la primera escuela del consumo
La especialista fue enfática en señalar que el primer contacto con el alcohol suele darse en el entorno familiar. Celebraciones, reuniones y eventos sociales normalizan su consumo desde edades tempranas.
“El alcohol es una droga de entrada. La primera experiencia de casi el 98% de personas se remonta a la familia”, explicó.
En ese contexto, los niños y adolescentes asocian el consumo con momentos de alegría, integración y afecto. “Empiezo a normalizar el alcohol porque lo veo como parte de ceremonias y celebraciones”, añadió.
Además, la disponibilidad dentro del hogar —bares familiares o acceso fácil a bebidas— refuerza esta percepción de normalidad.
Universidad: autonomía y riesgo
El ingreso a la universidad marca un punto de quiebre. La autonomía, la presión académica y la influencia de pares crean un entorno propicio para el consumo.
“Ya no hay permiso, es mi decisión”, resumió Valdez.
Asimismo, señaló que las actividades sociales universitarias —fiestas, reuniones o celebraciones— suelen estar asociadas al alcohol. Incluso, estudios han identificado una “triada” frecuente cerca de centros educativos: bares, discotecas y hospedajes.
“Este entorno facilita el acceso y normaliza los excesos. Lo preocupante es que estos hábitos pueden evolucionar rápidamente hacia patrones más riesgosos”.
De uso a dependencia: señales de alerta
Uno de los aportes más relevantes de la entrevista fue la diferenciación entre uso, abuso y dependencia. El problema surge cuando el consumo deja de ser ocasional y se vuelve recurrente.
“Cuando desde el martes estoy pensando que ya falta poco para el jueves o viernes para tomar, ya estoy en camino a generar dependencia”, advirtió.
Entre las señales de alerta destacan:
- Lagunas mentales o “borrar cassette”.
- Bajo rendimiento académico.
- Ausencias frecuentes.
- Cambios en el comportamiento, como mayor agresividad.
- Aislamiento o cambio de grupo social.
“Este ‘no recuerdo cómo llegué a mi casa’ es un indicador importante”, subrayó.
Alcohol y salud mental: un círculo peligroso
El consumo de alcohol no solo afecta el cuerpo, sino también la salud mental. Valdez explicó que tiene un efecto bifásico: inicialmente genera relajación, pero luego puede provocar depresión.
“A dosis pequeñas me relaja, pero a dosis mayores me genera depresión”, afirmó.
Esto puede generar un círculo vicioso: la persona consume para aliviar el malestar emocional, pero el consumo termina agravándolo. “El alcohol se convierte en una estrategia de evitación”, explicó.
Situaciones problemáticas como rupturas amorosas, estrés académico o conflictos familiares pueden empujar a los jóvenes a usar sustancias como escape, en lugar de buscar ayuda profesional.
Prevención: más allá de la prohibición
Para la especialista, la prevención no debe centrarse únicamente en la prohibición, sino en la educación y el consumo responsable.
“No puedo decir simplemente ‘no se consuma alcohol’; es una meta utópica. Pero sí puedo enseñar un uso moderado”, señaló.
Entre las recomendaciones prácticas destacó:
- No beber con el estómago vacío.
- Alternar el consumo de alcohol con agua.
- Consumir lentamente para permitir que el cuerpo procese el alcohol.
Estas pautas buscan reducir el impacto negativo en la salud.
El rol clave de la familia y la educación
La prevención también pasa por el fortalecimiento de factores protectores. En el ámbito familiar, la comunicación es fundamental.
“Los padres deben conversar con sus hijos, conocer cómo se sienten y qué dificultades enfrentan”, indicó.
El estrés académico, la presión económica o la insatisfacción con la carrera elegida pueden ser detonantes del consumo. Sin diálogo, estos problemas pasan desapercibidos.
Asimismo, el manejo del tiempo libre es esencial. Actividades como el deporte, el arte o la música ofrecen alternativas saludables para experimentar bienestar sin recurrir a sustancias.
“Mientras más alternativas tenga una persona, menos dependerá del consumo”, afirmó.
Romper mitos y generar conciencia
Finalmente, Valdez destacó la importancia de la educación y la difusión de información para combatir mitos, especialmente sobre sustancias como la marihuana o los vapeadores.
“A veces los padres no identifican señales, como coleccionar pipas o usar vapeadores, porque creen que no son peligrosos”, advirtió.
Por ello, iniciativas como talleres, webinars y espacios de diálogo resultan clave para empoderar tanto a jóvenes como a adultos.
Un compromiso colectivo
La prevención de las adicciones no es responsabilidad de un solo actor. Involucra a familias, instituciones educativas y la sociedad en su conjunto. En palabras de Valdez “el objetivo es que la persona entienda y pueda manejar la situación”.
En un contexto donde el consumo se normaliza cada vez más, la información, la comunicación y la educación se convierten en las principales herramientas para proteger la salud mental y construir un futuro más saludable.




