Casi 15 años después de su surgimiento, el grupo yihadista Boko Haram, y su facción escindida, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP), siguen sembrando el terror en Nigeria y los países vecinos.
A pesar de los esfuerzos militares y regionales, su capacidad de adaptación, sus vínculos con el crimen organizado y la debilidad estatal les permiten seguir activos. Este informe detalla la lucha contra el terrorismo en la región, la crisis humanitaria que ha desatado y los desafíos que persisten para acabar con esta amenaza.
Orígenes y evolución de un grupo yihadista
Boko Haram, cuyo nombre significa «la educación occidental es un pecado», se fundó en 2002 por Mohammed Yusuf en el estado de Borno, al noreste de Nigeria. En sus inicios, era un movimiento religioso que predicaba una estricta interpretación del Islam. Buscaba crear un Estado islámico y prohibir la educación laica. Tras la muerte de Yusuf en 2009, el grupo se radicalizó bajo el liderazgo de Abubakar Shekau. Comenzó a usar la violencia, con ataques contra escuelas, iglesias y el gobierno.
En 2015, Boko Haram prometió lealtad al Estado Islámico (ISIS), lo que amplificó su amenaza. Ese mismo año, el grupo se dividió. Una facción, liderada por Shekau, siguió con los ataques a civiles. La otra, llamada Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP), se enfocó más en objetivos militares y gubernamentales. ISWAP ha crecido en poder y ahora controla vastas zonas de Nigeria, Níger, Chad y Camerún.
«La división de Boko Haram en ISWAP ha sido un punto de inflexión», explica Nnamdi Obasi, analista del International Crisis Group en su informe de 2021. «ISWAP se presenta como un grupo más organizado y menos brutal con los civiles. Esto le ha permitido consolidar su control sobre el territorio y obtener apoyo local».
El terror se alimenta de la debilidad del Estado
La persistencia de Boko Haram no es solo militar. Se debe a la debilidad del gobierno nigeriano. Las fuerzas de seguridad, mal equipadas y entrenadas, a menudo han fallado en proteger a las comunidades. La corrupción generalizada y la falta de servicios básicos en el noreste de Nigeria han creado un caldo de cultivo para la radicalización.
El grupo yihadista también ha sabido adaptarse. Ha diversificado sus fuentes de ingresos. Ha pasado de depender de rescates de secuestros a involucrarse en el crimen organizado, como el tráfico de armas y el robo de ganado. Además, ha aprovechado las tensiones entre las comunidades de pastores y agricultores para ganar apoyo. .
La lucha contra Boko Haram no es solo una guerra militar. Es también una batalla por el control social y económico. «Los grupos yihadistas ofrecen servicios básicos, como seguridad, justicia y alimentos, en áreas donde el Estado es inexistente», afirma el profesor Olufemi O. Adelusi de la Universidad de Ilorin. «Esto los hace más atractivos para la población local».
Las víctimas: una crisis humanitaria ignorada
La violencia de Boko Haram ha provocado una de las crisis humanitarias más grandes del mundo. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), más de 2 millones de personas han sido desplazadas solo en el noreste de Nigeria. .
Los ataques del grupo han destruido infraestructuras esenciales. Han cerrado escuelas y hospitales. El secuestro de niñas, como el de Chibok en 2014, se ha convertido en una táctica recurrente. Esto ha generado una crisis educativa y psicológica. Muchos niños han sido obligados a unirse al grupo como combatientes o a trabajar como esclavos sexuales.
La respuesta humanitaria ha sido insuficiente. La falta de fondos y la inseguridad han hecho que la entrega de ayuda sea difícil. La crisis ha afectado también a los países vecinos. Miles de refugiados han huido a Níger, Chad y Camerún.
La respuesta regional y el camino a seguir
Para enfrentar a Boko Haram, los países de la región crearon la Fuerza de Tarea Conjunta Multinacional (MNJTF). Esta fuerza, compuesta por tropas de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, ha logrado éxitos. Ha recuperado territorio y ha debilitado a los grupos terroristas. Sin embargo, la cooperación sigue siendo un desafío.
Para derrotar a Boko Haram y a ISWAP, se necesita una estrategia integral. No solo militar. Debe incluir:
- Desarrollo económico: Invertir en educación y empleo.
- Gobernanza: Combatir la corrupción y dar servicios básicos a las comunidades vulnerables.
- Coordinación: Fortalecer la cooperación entre los países africanos y la comunidad internacional.
La lucha contra el terrorismo en África Occidental es una prueba para la estabilidad global. Si se ignora esta crisis, podría extenderse a otras partes del continente.




