Afganistán bajo el yugo talibán: retrocesos y el fantasma del pasado

Con la retirada de las tropas estadounidenses y sus aliados, los talibanes volvieron al poder en Afganistán. Un año después, la promesa de un gobierno más moderado se ha disuelto. El régimen ha impuesto severas restricciones, especialmente a mujeres y niñas. Este informe examina la vida bajo su control, los retrocesos en derechos humanos y la crisis económica que amenaza con una catástrofe humanitaria.


El regreso de un régimen de terror

El 15 de agosto de 2021, los talibanes entraron en Kabul. Esto marcó el colapso del gobierno afgano, respaldado por Occidente. Su regreso al poder, casi 20 años después de su derrocamiento, fue rápido e inesperado. La comunidad internacional esperaba un gobierno más moderado. Sin embargo, los talibanes han vuelto a imponer su estricta interpretación de la Sharia.

«El miedo ha vuelto a las calles de Kabul», dice un informe de Amnistía Internacional de 2022. «La represión, aunque quizás menos brutal que en los 90, es sistemática y dirigida a las mujeres, la prensa y los disidentes».

El retroceso en los derechos de las mujeres es el más visible. Han sido expulsadas de la vida pública. . Los talibanes han prohibido la educación secundaria para niñas. Han impuesto el uso del burka en público. También han restringido su movilidad. Las mujeres no pueden viajar sin un acompañante masculino. Esto ha provocado la condena de la ONU y de organizaciones de derechos humanos.


Una economía al borde del colapso

La retirada occidental también provocó una crisis económica. La ayuda internacional, que sostenía el 75% del presupuesto afgano, fue cortada. Los activos del banco central, que suman miles de millones de dólares, fueron congelados. Esto ha dejado al país en una situación precaria.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), más del 90% de los afganos no tiene suficiente comida. El desempleo y la pobreza se han disparado. La falta de liquidez ha hecho que los bancos cierren. El acceso a los servicios básicos es casi nulo.

«La economía está al borde del colapso», advierte un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). «Sin una inyección masiva de ayuda, el país podría caer en una hambruna generalizada».


La resistencia silenciada y el futuro incierto

A pesar de la represión, la resistencia al régimen talibán persiste. Pequeños grupos de resistencia, como el Frente de Resistencia Nacional, operan en el valle de Panjshir. También ha habido protestas de mujeres en las calles de Kabul. Pero estas protestas son rápidamente reprimidas.

El futuro de Afganistán es incierto. La comunidad internacional está dividida. Algunos países quieren negociar con los talibanes. Quieren evitar una catástrofe humanitaria. Otros se niegan a reconocer al régimen. Para ellos, hacerlo sería legitimar las violaciones de derechos humanos.

«La situación es un dilema moral», afirma un analista del International Crisis Group. «Reconocer a los talibanes les daría legitimidad. No hacerlo podría llevar a la muerte a millones de personas. Sin embargo, no hay una solución fácil».

El futuro de Afganistán dependerá de la capacidad de la comunidad internacional para encontrar un equilibrio. Deben proporcionar ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, deben mantener la presión para que los talibanes respeten los derechos humanos.

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