Por Augusto Donayre
La economía plateada se ha consolidado como un concepto central en la discusión económica y social contemporánea. Hace referencia al conjunto de actividades económicas asociadas a las personas mayores de 50 años, cuyo peso demográfico y capacidad de consumo se expanden rápidamente en América Latina. Este artículo analiza sus definiciones, estadísticas recientes, situación actual, proyecciones, ventajas y desventajas desde tres perspectivas —económica, financiera y social— y concluye que, pese a los retos en pensiones, salud y exclusión digital, el envejecimiento poblacional puede transformarse en un motor de innovación y crecimiento para la región.
La Economía Plateada se define como el conjunto de productos, servicios y modelos de negocio dirigidos a personas mayores de 50 años, incluyendo salud, vivienda, tecnología, movilidad, finanzas y consumo cultural (BID, 2021). Este enfoque no considera a la vejez como una carga, sino como una oportunidad económica de largo plazo, siempre que exista planificación y políticas inclusivas. A nivel global, la AARP (2022) estima que la economía plateada representó el 34 % del PBI mundial en 2022 (US$45 billones) y alcanzará el 39 % en 2050 (US$118 billones).
En América Latina y el Caribe, en 2024 había 166 millones de personas con 50 años o más (25 % de la población) y para 2050 serán 280 millones (38 %) (Banco Mundial, 2024). La población mayor de 60 años pasó de 11 % en 2010 a 13,4 % en 2022 y alcanzará 25,1 % en 2050 (CELADE–CEPAL, 2023). El envejecimiento es acelerado: la región tardará solo 28 años en duplicar su proporción de mayores de 60, mientras que Europa necesitó 60 años (IDB, 2022). Las razones principales son la caída acelerada de la fecundidad -en los años 60, América Latina tenía tasas de 5 a 6 hijos por mujer; hoy (2023) está en 2,0 a 2,1 y en varios países ya por debajo del nivel de reemplazo, con un descenso más rápido que el europeo- y el aumento rápido de la esperanza de vida -en 1960, un latinoamericano vivía en promedio 55 años y hoy supera los 75 en la mayoría de países (OPS, 2023), gracias a avances en vacunación, control de enfermedades y acceso a salud, sumando 20 años de vida en medio siglo, algo que a Europa le tomó más de 100 años-. A esto se suma una transición demográfica comprimida -Europa tuvo 150 años entre alta natalidad/mortalidad y envejecimiento; América Latina vive el mismo cambio en 50–60 años-, la rápida urbanización que redujo familias numerosas y la migración de jóvenes hacia EE. UU. o Europa, que disminuye la proporción de población activa en algunos países.
En el Perú, según el INEI (2023), los adultos mayores (60+) representan el 14,1 % de la población (4,7 millones) y en Lima Metropolitana el 20 % de los hogares tiene al menos un adulto mayor como jefe de familia. Para 2050, se estima que uno de cada cuatro peruanos será adulto mayor (CEPAL, 2023).
El IDB Lab (2025) identificó más de 245 actores en América Latina vinculados a la economía plateada: 40 % en salud y cuidados, 30 % en tecnología y vivienda adaptada, 15 % en finanzas inclusivas y 15 % en turismo, cultura y empleo senior. El 75 % de estas iniciativas son privadas con fines de lucro, lo que muestra un mercado en expansión pero todavía fragmentado. En el Perú, los avances son incipientes: predominan las iniciativas en salud (telemedicina, residencias) y algunas fintech que exploran microseguros y productos de ahorro adaptados.
Para 2050, América Latina tendrá 280 millones de mayores de 50 años con creciente capacidad de consumo (Banco Mundial, 2024) y el mercado regional podría superar los US$500 mil millones anuales en bienes y servicios (BID, 2022). Se prevé un auge en telemedicina y cuidados domiciliarios; finanzas adaptadas (pensiones flexibles, seguros de longevidad, fintech senior, inclusión); vivienda adaptada -especialmente con servicios y espacios para mayores- y cohousing; así como turismo y ocio intergeneracional.
Entre las ventajas, se cuentan las económicas -nuevo motor de crecimiento y generación de empleo en salud, tecnología y consumo-, las financieras -consumidores con menor riesgo crediticio y fidelidad a largo plazo (Banco Mundial, 2024)- y las sociales -fomento del envejecimiento activo, inclusión intergeneracional y valorización del capital humano senior-. Entre las desventajas o riesgos, figuran las económicas -presión fiscal en pensiones y sistemas de salud-, las financieras -exclusión por brecha digital y edadismo en créditos y seguros- y las sociales -riesgo de aislamiento, sobrecarga en mujeres cuidadoras y desigualdad territorial entre zonas rurales y urbanas-.
América Latina enfrenta un doble reto: envejecer rápidamente y, al mismo tiempo, aprovechar este proceso como motor económico. La economía plateada no debe verse como un “problema social”, sino como una oportunidad para rediseñar políticas previsionales, innovar en salud y generar nuevos modelos de negocio. En el caso peruano, el desafío es mayor: hoy los adultos mayores son el 14 % de la población, pero en 25 años serán una cuarta parte. Esto obliga a pensar en pensiones sostenibles, inclusión financiera, servicios de salud integrales y, sobre todo, una visión estratégica que vincule el bono demográfico actual con la economía plateada del futuro.
(*) Máster en Economía




