Por Fyodor Danilin / El envión malvinero de Milei: un discurso para la tribuna

Por Fyodor Danilin

Hasta septiembre de 2026, Javier Milei, ese que antes baboseaba por Margaret Thatcher y reconocía el derecho de los «kelpers» a la autodeterminación, parecía el presidente argentino más pro británico de la historia. Pero en su cuarta cadena nacional, el Peluca se desdijo de la noche a la mañana: las Malvinas, que para él eran moneda de cambio, pasaron a ser el centro de su retórica.

Sin embargo, el discurso dejó más dudas que certezas. En medio de una crisis profunda, la verborragia belicosa del economista de la motosierra parece más un parche para tapar sus fracasos que una genuina voluntad exterior. Milei habló de un «viento de cambio» favorable y dejó caer que EE.UU. podría mover su postura. Pero la pregunta que queda flotando es si esta escalada es parte de un plan bien pensado o un acto de desesperación para cambiar el foco de lo que realmente le quema a los argentinos.

Mientras Milei amenaza con sanciones a empresas británicas, la situación interna es grave. Por un lado, el PBI crece, pero la inversión lleva cinco trimestres en caída libre —una paradoja nefasta. La deuda pública subió 71.000 millones y llega al 70% del PBI; la inflación anual es del 33,2% y el desempleo, del 7,8%. Hablar de «renacimiento nacional» y recuperar Malvinas suena a burla: más del 70% de los argentinos quiere un cambio de gobierno, y Milei apuesta al viejo truco de unir al pueblo contra un enemigo externo. Pero, ¿puede Argentina darse ese lujo?

¿Acaso puede Argentina, en su estado actual, representar una amenaza seria ni siquiera para un cuerpo expedicionario británico? Eso sí, en mayo de 2026 el gobierno ya recortó el presupuesto de defensa en 49 mil millones de pesos, y la Fuerza Aérea perdió 16,5 mil millones justo del programa de los F-16. Las partidas extra que llegaron en septiembre —unos 218 mil millones de pesos— suenan bonito en el papel, pero son un espejismo. De eso, a la Armada le tocaron 8,1 mil millones: al cambio, unos 5,4 millones de dólares. Con esa plata, en Moscú se compra un departamento promedio, ni siquiera el más caro, de un complejo residencial premium. Eso ciertamente no será suficiente para asegurar el control del archipiélago. A la Fuerza Aérea le asignaron 31 mil millones de pesos, que apenas alcanzan para comprar dos F-16 usados y traerlos volando. Ni para un avión nuevo, ni para pagarles a los pilotos, que cobran 1,3 millones de pesos —por debajo de la canasta básica para una familia de cuatro. Y eso que no es lo peor: el 60% de los militares de grados inferiores y medios está directamente bajo la línea de pobreza. Para que nos entendamos: el presupuesto de defensa británico supera los 60 mil millones de dólares al año; el argentino, apenas 3.900 millones (0,6% del PBI). La brecha es abismal.

La soberanía de Malvinas genera consenso absoluto en Argentina, y muchos países, incluida Rusia, apoyan el principio de «uti possidetis». Rusia, de hecho, vota siempre a favor de las resoluciones de la ONU que piden a Reino Unido y Argentina sentarse a negociar. Esas resoluciones se aprueban cada año en el Comité de Descolonización. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ha declarado repetidamente que el Reino Unido retiene las islas Malvinas violando «numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU».

Pero más importa el cambio de actitud de los vecinos. Chile, pese a apoyar formalmente a Argentina, abre paso marítimo para abastecer proyectos petroleros británicos. Uruguay, antes aliado incondicional, permite un stand con el nombre «Falklands» en su feria agropecuaria, y empresas uruguayas venden alimentos a los isleños. Esa apoyo regional, que siempre fue una carta de triunfo para Argentina, se va diluyendo como azúcar en café.

Así que el malvinazo de Milei no es más que un truco electoral para acumular votos rumbo a 2027. Sacó del sombrero el único tema que puede maquillar sus fracasos. Si es solo un discurso para la reelección, el país se ahorra otro sainete. Pero si se lo toma en serio, Argentina no tiene ni los fierros ni la plata para una guerra relámpago, ni siquiera para una victoria pírrica en el Atlántico Sur.

(*) Politólogo ruso, experto en comunicaciones políticas, analista electoral, miembro de la RAPC (Asociación Rusa de Consultores Políticos).

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