Ricardo Sánchez Serra
Una antigua máxima, atribuida a Sun Tzu, sostiene que conocer el terreno conduce a la victoria. En política ocurre algo semejante. La historia demuestra que los gobernantes que recorren el país, escuchan a su población y conocen de primera mano las distintas realidades suelen comprender mejor la dimensión de los desafíos nacionales y responder con mayor eficacia.
La historia termina juzgando a los gobernantes menos por sus discursos que por su capacidad de estar presentes cuando el país más los necesita. En los primeros días de su mandato, la presidenta Keiko Fujimori ha querido transmitir precisamente ese mensaje: que el ejercicio del poder no puede reducirse a la administración desde un despacho, sino que exige contacto directo con la ciudadanía, presencia en las regiones y conocimiento inmediato de las necesidades del país. Desde su juramentación, ha señalado como prioridades la seguridad, la atención oportuna frente a las emergencias y el fortalecimiento de la presencia del Estado en todo el territorio nacional.
Esa visión comenzó a reflejarse en sus primeros desplazamientos. Tras el sismo que afectó a la región Junín, anunció que uno de sus primeros viajes como presidenta sería hacia la provincia de Chupaca, convencida de que las decisiones más acertadas se adoptan cuando se conoce directamente la situación de las comunidades afectadas. Incluso antes de asumir el cargo, había visitado la zona del incendio en La Victoria para expresar su solidaridad con las familias damnificadas y ofrecer apoyo, anticipando que, ya como jefa de Estado, acudiría personalmente a los lugares golpeados por las emergencias.
A ello se suma su visita al VRAEM, una de las zonas más complejas y peligrosas del país, donde aún operan remanentes del terrorismo y organizaciones dedicadas al narcotráfico. El viaje tuvo un profundo contenido institucional: expresar el reconocimiento del Estado a los soldados y policías que diariamente arriesgan su vida en defensa de la Nación. Más allá de su valor simbólico, desplazarse a un escenario de alto riesgo constituye una señal de respaldo a quienes enfrentan en primera línea estas amenazas y reafirma la decisión de mantener una presencia efectiva del Estado en los lugares donde más se la necesita.
La experiencia demuestra que ningún informe puede sustituir la observación directa. Ningún documento reemplaza el diálogo con una familia afectada por un desastre natural, la conversación con una autoridad local o el encuentro con un soldado que cumple su misión en condiciones adversas. Ese contacto permite comprender mejor la dimensión humana de los desafíos y facilita la adopción de respuestas más eficaces y oportunas. En ese sentido, muchos recuerdan que el expresidente Alberto Fujimori acostumbraba recorrer personalmente las zonas afectadas por emergencias, supervisando las labores de respuesta y permaneciendo junto a la población. Su presencia en Ica durante las graves inundaciones, desplazándose incluso en bote para evaluar la magnitud de los daños y coordinar soluciones inmediatas, quedó grabada en la memoria de sus habitantes y contribuyó a consolidar la imagen de un gobernante cercano a la ciudadanía.
Naturalmente, ninguna visita, por sí sola, resuelve los problemas estructurales del país. Lo verdaderamente importante será que ese contacto permanente con las regiones se traduzca en decisiones oportunas, una adecuada coordinación institucional y resultados concretos para la población. Sin embargo, un liderazgo que busca conocer directamente las circunstancias de cada localidad proyecta la imagen de un Estado más cercano, activo y dispuesto a actuar.
En un país de profundas diferencias geográficas y sociales, gobernar también significa recorrer el territorio, escuchar a sus habitantes y constatar personalmente sus necesidades. Los primeros días del nuevo gobierno se orientan en esa dirección. Si esa dinámica se mantiene en el tiempo y va acompañada de políticas públicas eficaces, podría contribuir a fortalecer la confianza ciudadana y consolidar un estilo de gestión basado en la cercanía, la capacidad de respuesta y el compromiso con quienes esperan que el Estado llegue, precisamente, allí donde más se le necesita.
(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”




