Por José Romero / Hasta el Mundial del Centenario

José Romero

El domingo 19 de julio se bajaron las persianas del vigésimo tercer Mundial de Fútbol. No fue el espectáculo grandioso que muchos soñábamos, pero sí el telón de despedida para leyendas irrepetibles: Messi, CR7, De Bruyne, Modric, Neuer, Mané, Salah, Neymar, Lukaku y tantos otros. En medio de esas despedidas, emergió Yamal, apenas un adolescente, convertido en el tercer jugador más joven en disputar y ganar un Mundial, aunque sin demasiados destellos.

España fue campeón legítimo, imponiéndose con justicia sobre Argentina en la final. El 1-0 no reflejó la superioridad de “La Furia”, apelativo que parecía olvidado y que volvió a rugir con fuerza. Argentina, lamentablemente, no estuvo a la altura ni en lo deportivo ni en el Fair Play. No insistiré en ello: ya he dicho bastante y no quiero echar más sal en la herida de mis amigos “Messi Lovers”.

Selecciones como Portugal, Croacia, Alemania, Brasil, Países Bajos, Ecuador, Uruguay y Japón quedaron en deuda. Marruecos, Bélgica, Colombia, México y Estados Unidos no redondearon la faena esperada. Francia e Inglaterra se desinflaron en instancias decisivas, mientras que Noruega, Egipto y Cabo Verde sorprendieron con actuaciones memorables.

España fue pareja, sólida, pero no alcanzó la mística de la Francia del 98, la Holanda del 74, la Alemania del 2014, la España del 2010 ni, mucho menos, la Brasil de 1970. Messi se despidió con las manos vacías, caminando la cancha y mostrando apenas chispazos de su genio. Los 39 años pesaron. Mbappé, en cambio, se llevó la gloria: goleador del torneo con 10 tantos, máximo artillero histórico con 22 goles y aún con horizonte para tres mundiales más. Dos veces consecutivas “pichichi”: 8 goles en 2022 y 10 en este 2026.

Unai Simón fue el mejor arquero. Pau Cubarsí, ya no promesa sino realidad, la mejor Aparición Joven. Rodri, con un 93 % de efectividad en los pases, se llevó el Balón de Oro. Todo bajo la batuta de De la Fuente, el entrenador más veterano en levantar la copa (65 años). Destacaron también Cucurella, con su melena indomable, y Álex Baena, dueño de un récord, tres títulos mayores: Eurocopa, Juegos Olímpicos y Mundial.

Ahora se viene el Mundial del Centenario, con cambios que parecen una locura. El que acaba de terminar tuvo tres sedes; el próximo tendrá seis: Uruguay, Argentina, Paraguay, España, Portugal y Marruecos. Y no bastan 48 equipos: se habla de 64. Un despropósito que solo se explica por los miles de millones adicionales que engrosarán las arcas de la FIFA.

Algunos cambios, sin embargo, han reducido tiempos muertos y hecho el fútbol más dinámico. Las reglas no están escritas en piedra: si un ajuste lo hace más atractivo, bienvenido sea. Los precios “dinámicos” y la reventa oficial, práctica común en Estados Unidos, generaron polémica, pero el mercado manda. Que muchos aficionados queden fuera por razones económicas es doloroso, aunque no invalida el modelo.

La gran crítica de este Mundial fue la pausa de 27 minutos en la final para un espectáculo musical de dudosa calidad, que puso en riesgo la salud de los futbolistas. Lo peor: la interferencia de la FIFA en ciertos resultados y la innecesaria presencia de Trump.

Tras 39 días, los verdaderos aficionados -y hasta los turistas- sentimos que algo faltará en los días siguientes. No fue un Mundial inolvidable, pero dejó huellas: desde el México–Sudáfrica (2-0) hasta la final que no cumplió las expectativas.

Quedan memorias: el gol de Ferrán “El Tiburón” Torres en la final, las atajadas de Vozinha (Cabo Verde), los goles de Haaland y Kane, la hinchada noruega, los 308 goles (2.96 por partido), los 6.8 millones de espectadores, el Fair Play de Países Bajos y el espectacular partido por el tercer lugar con 10 goles (Inglaterra 6–Francia 4). Mención especial: el Barcelona, con 8 jugadores campeones mundiales, 3 de ellos titulares de España.

Este fue mi Mundial número 16. Aprendí a leer con el de 1966, siguiendo los reportes de La Tercera y la voz inmortal de Pocho Rospigliosi. Ojalá en 2030 no haya “ayudines”, se respete al ganador y no se agreda al rival por frustración.

Enhorabuena, España: Campeón Mundial hasta el 2030.

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