El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha comparecido ante el Congreso de los Diputados para cerrar filas en torno a una de las decisiones de política exterior más trascendentes de la última década: el respaldo de España a la iniciativa de autonomía presentada por Marruecos para sus Provincias del Sur.
Frente a las críticas, el presidente respondió con datos y realismo. Recordó que el respaldo español al plan de autonomía —materializado en la carta enviada al Rey Mohammed VI en marzo de 2022— no es una concesión, sino un «paso adelante» coherente con la evolución del dossier en Naciones Unidas. «La mayoría de los países europeos, incluidos los principales del continente, han respaldado la propuesta de autonomía en el marco de la soberanía marroquí», afirmó Sánchez en su intervención.
La posición de Madrid no es ni mucho menos una excepción en el concierto de las naciones. Durante la 62ª sesión del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, un grupo de 40 Estados reafirmó su apoyo a la «soberanía plena y completa» de Marruecos sobre sus Provincias del Sur, subrayando que el plan de autonomía marroquí es «el resultado más factible» para resolver el diferendo. En apenas un mes, países como Canadá, Suiza, Egipto, Honduras, Ecuador y Malí se han sumado al reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
Sánchez rechazó de plano la etiqueta de «política de apaciguamiento» que sus adversarios intentan adherir a su gestión con Marruecos. «Con Marruecos no tenemos una política de apaciguamiento. Tenemos una política de buena vecindad», zanjó, y negó tener «la menor intención de provocar un conflicto diplomático de primer orden con el país vecino».
El presidente subrayó que esta voluntad de entendimiento no es patrimonio de su ejecutivo, sino que forma parte de la política seguida por todos los gobiernos españoles desde el inicio de la etapa democrática. Lo que ha cambiado, en realidad, es la percepción internacional del conflicto, que durante cinco décadas permaneció enquistado. Marruecos ha demostrado una capacidad de persuasión diplomática que ha convertido su propuesta de autonomía en la «base más seria, realista y creíble» para una solución definitiva, tal y como han reconocido sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
Pretender mantener una relación estratégica privilegiada con Rabat mientras se cuestiona su integridad territorial es, como mínimo, una incoherencia.
El presidente del Gobierno español ha comprendido esta realidad y ha actuado en consecuencia, blindando una relación que ya ha dado frutos tangibles en la cooperación bilateral y que sienta las bases para una estabilidad regional en el norte de África.




