Por Ricardo Sánchez Serra / Amín Chaoudri: la perseverancia de un gran embajador

Por Ricardo Sánchez Serra

Las condecoraciones tienen verdadero valor cuando reconocen no solo una brillante carrera diplomática, sino también una vida dedicada a construir puentes entre los pueblos. Son el testimonio de una obra realizada con perseverancia, convicción y entrega. La reciente distinción otorgada por la Municipalidad de Miraflores al embajador del Reino de Marruecos, Amín Chaoudri, con la Insignia Municipal, constituye precisamente un acto de justicia hacia un diplomático que ha dejado una huella profunda en las relaciones entre Marruecos y el Perú.

Desde que presentó sus cartas credenciales el 5 de agosto de 2019, el embajador Chaoudri asumió una misión que distó mucho de ser sencilla. Hoy, además de desempeñarse como vicedecano del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú, puede exhibir una gestión que será recordada como una de las más activas y fructíferas realizadas por un representante marroquí en nuestro país.

La distinción de Miraflores se suma a diversos reconocimientos recibidos a lo largo de su misión diplomática. Varias municipalidades y gobiernos regionales lo han declarado huésped de honor y le han otorgado distinciones por su contribución al fortalecimiento de la amistad entre ambos pueblos. No son simples gestos protocolares, sino el reconocimiento a una labor constante de acercamiento político, cultural, académico y humano.

Existe un principio fundamental en la diplomacia: ningún pueblo puede apreciar verdaderamente a otro si no llega a conocerlo. Esa fue, quizás, la mayor virtud del embajador Chaoudri. Comprendió que la diplomacia moderna debía salir de las cancillerías para acercarse a las universidades, las municipalidades, los gobiernos regionales, al Congreso, las cámaras empresariales y la sociedad civil.

Por ello impulsó hermanamientos entre ciudades o regiones peruanas y marroquíes, promovió exposiciones culturales, organizó encuentros académicos, participó en foros empresariales y recorrió diversas regiones del Perú ofreciendo conferencias sobre la historia, la cultura y el desarrollo de Marruecos. Gracias a ese esfuerzo, numerosas autoridades, académicos, empresarios y estudiantes pudieron descubrir una realidad muchas veces desconocida. Porque no existe mejor diplomacia que el conocimiento mutuo.

Sin embargo, su gestión también debió enfrentar obstáculos que escapaban completamente a su voluntad. Durante años, las relaciones entre el Perú y Marruecos estuvieron condicionadas por decisiones inspiradas más en consideraciones ideológicas que en una visión pragmática de la política exterior. Esa situación dificultó innecesariamente el fortalecimiento de una relación bilateral llamada a ser mucho más estrecha.

He sostenido -como también lo han señalado destacados internacionalistas- que el reconocimiento peruano de la autodenominada República Árabe Saharaui Democrática constituyó un grave error político y diplomático. Se trata de una entidad sin legitimidad internacional, que no es reconocida como Estado miembro de las Naciones Unidas. Lo que se discute en la ONU es la cuestión del Sáhara, cuyo proceso lleva años paralizado por la intransigencia de Argelia y el respaldo que brinda al Frente Polisario, organización terrorista. Pretender colocar en el mismo nivel a un grupo armado con la legítima soberanía del Reino de Marruecos es una distorsión absurda y contraria al derecho internacional. Mantener esa posición terminó afectando la relación con uno de los países más estables, modernos e influyentes del norte de África, de gran relevancia geopolítica.

Frente a esa realidad, el embajador Chaoudri jamás renunció al diálogo. Defendió con firmeza, pero siempre con respeto y altura diplomática, la integridad territorial de su país y la soberanía de Marruecos sobre sus provincias del sur. Explicó incansablemente la propuesta marroquí de autonomía, reconocida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como una iniciativa seria, creíble y realista para alcanzar una solución política definitiva al diferendo regional.

No fueron años fáciles. Hubo incomprensiones, resistencias y oportunidades perdidas. Incluso el entonces canciller Miguel Ángel Rodríguez Mackay sufrió las consecuencias políticas de haber intentado corregir el rumbo y promover un acercamiento más coherente con Marruecos. A ello se sumaron sectores diplomáticos contaminados por ideologías externas y servilistas al Foro de Sao Paulo, que buscaron obstaculizar las relaciones bilaterales y sembrar desconfianza, anteponiendo intereses sectarios a la verdad y a la justicia internacional. Pese a todo, el embajador Chaoudri nunca se desanimó: continuó sembrando confianza allí donde otros preferían mantener distancias. Nunca respondió con confrontación; eligió siempre la paciencia, la explicación y la constancia. Su labor se sostuvo en la perseverancia, la fe, la tenacidad y una inquebrantable vocación de servicio a la verdad histórica, la justicia y la memoria perdurable de los pueblos.

Hoy esa perseverancia comienza a dar frutos. La presidenta electa del Perú, Keiko Fujimori, ha expresado públicamente su compromiso de respaldar la integridad territorial del Reino de Marruecos y su soberanía sobre sus provincias del sur. Durante su reunión con el embajador Amín Chaoudri manifestó la voluntad del próximo Gobierno de continuar fortaleciendo las relaciones entre ambos países y reafirmó su adhesión a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que reconoce el Plan de Autonomía presentado por Marruecos como una base seria y creíble dentro de los esfuerzos dirigidos a resolver el diferendo regional del Sáhara.

Este anuncio posee una trascendencia que va mucho más allá del ámbito diplomático. Representa la posibilidad de inaugurar una nueva etapa en las relaciones entre el Perú y Marruecos, basada en el respeto mutuo, la cooperación y una visión estratégica acorde con la realidad internacional. Y también constituye, de alguna manera, el reconocimiento al trabajo de un embajador que nunca dejó de creer en el valor del diálogo.

Las condecoraciones que hoy recibe Amín Chaoudri no distinguen únicamente a un excelente diplomático. Honran a un hombre que convirtió su misión en un permanente ejercicio de acercamiento entre dos naciones amigas; que recorrió el Perú llevando el nombre de Marruecos con dignidad y orgullo; que fortaleció vínculos culturales, académicos, económicos e institucionales; y que defendió, con la serenidad propia de los grandes diplomáticos, los intereses legítimos de su país sin perder jamás el respeto hacia el Perú.

Los verdaderos embajadores no son aquellos que simplemente cumplen un período de representación. Son quienes dejan una herencia duradera, construyen confianza y acercan pueblos destinados a entenderse mejor. Por todo ello, la historia de las relaciones entre el Perú y el Reino de Marruecos reservará para Amín Chaoudri un lugar de especial reconocimiento. Su mayor condecoración no será una medalla ni una resolución municipal, sino haber contribuido, con inteligencia, firmeza y perseverancia, a que dos países amigos vuelvan a mirarse con la confianza y el respeto que siempre debieron inspirarse.

MÁS LEÍDAS DE LA SEMANA

TENDENCIA

¿Por qué el olor a gasolina es tan adictivo? La ciencia tras el aroma

Estás en la estación de servicio, bajas la ventanilla...

Disruptores Endocrinos: El enemigo invisible en tu día a día

En 2026, la salud hormonal ha pasado a ocupar...

Cómo evitar que mi gato se escape de casa

El instinto natural de un gato de vagar y...

Conflictos Geopolíticos y Zonas Calientes: Análisis y Última Hora

Un Mundo en Constante Tensión El siglo XXI, lejos de...
spot_img

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Categorías Populares

spot_imgspot_img