Por Park Sun Tae / Pensando en el futuro de Corea y el Perú: La competencia energética en la era de la IA: ¿qué está preparando Corea?

Park Sun Tae

Al iniciar esta serie de artículos dedicada a reflexionar sobre la futura cooperación entre Corea y el Perú, quisiera compartir hoy con los lectores peruanos algunas ideas sobre una de las grandes transformaciones que enfrenta el mundo: la transición energética y la manera en que Corea está pensando y preparándose para responder a ella.

Si observamos la historia de la industrialización y del desarrollo económico, las nuevas industrias nunca crecieron de manera aislada. Necesitaron carreteras, ferrocarriles, puertos, telecomunicaciones y un suministro estable de electricidad. En la era de la inteligencia artificial (IA) y de las industrias avanzadas, la lógica no es muy diferente. Sin embargo, un sistema energético estable y competitivo está adquiriendo una importancia aún mayor como infraestructura esencial para construir los ecosistemas industriales del futuro.

Un nuevo desafío se suma a la transición energética

Hasta hace pocos años, las políticas energéticas mundiales estaban centradas principalmente en la neutralidad de carbono y la expansión de las energías renovables. Estos objetivos siguen siendo importantes. Pero ha aparecido una nueva variable. La expansión de la IA, los centros de datos, los semiconductores, los vehículos eléctricos y la robótica está aumentando rápidamente la demanda de electricidad. En su informe Electricity 2026, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la demanda mundial de electricidad crecerá a una tasa media anual del 3,6 % entre 2026 y 2030. El mundo se enfrenta, por tanto, a dos desafíos simultáneos: reducir las emisiones de carbono y, al mismo tiempo, disponer de mucha más electricidad.

La competencia en inteligencia artificial ya no es solamente una competencia por la tecnología y los semiconductores. También es una competencia por los sistemas eléctricos. Por muy avanzados que sean los modelos de IA o los chips de un país, difícilmente podrán convertirse en una industria competitiva si no existen centros de datos capaces de operar las 24 horas y un suministro eléctrico estable. Cuando las empresas deciden dónde invertir, además de los impuestos y los costos laborales, cobra cada vez mayor importancia la posibilidad de disponer de electricidad suficiente, estable y a precios competitivos.

¿Por qué Corea considera distintas fuentes de energía?

Esta es también una de las razones por las que Corea analiza la energía conjuntamente con su política industrial. Corea dispone de pocos recursos energéticos propios y, al mismo tiempo, cuenta con una importante base industrial en sectores intensivos en energía, como los semiconductores, los automóviles, la siderurgia y la petroquímica. A medida que se expandan la IA y los centros de datos, garantizar un suministro eléctrico estable será todavía más importante.

Corea está ampliando las energías renovables, como la solar y la eólica, al tiempo que fortalece sus redes eléctricas y los sistemas de almacenamiento de energía (ESS), y continúa desarrollando la energía nuclear, el hidrógeno y las tecnologías de pequeños reactores modulares (SMR). En este contexto, considero necesario superar la discusión planteada simplemente como una elección entre “energías renovables o energía nuclear”.

La energía solar y la eólica son importantes para reducir las emisiones de carbono, pero su producción varía según las condiciones climáticas y las horas del día. Para compensar esa variabilidad se necesitan sistemas de almacenamiento y redes eléctricas adecuadas. La energía nuclear puede proporcionar grandes cantidades de electricidad de manera estable, pero plantea desafíos relacionados con la elevada inversión inicial, los largos períodos de construcción, la seguridad y la gestión del combustible nuclear usado. El gas natural, por su parte, puede contribuir a la estabilidad del sistema eléctrico, aunque está expuesto a las emisiones de carbono y a las fluctuaciones de los precios internacionales.

Por ello, lo importante no es considerar una determinada fuente de energía como una solución absoluta, sino encontrar la combinación adecuada para los recursos disponibles, las condiciones naturales y la estructura industrial de cada país. Es necesario considerar conjuntamente el volumen de electricidad necesario, su costo, la estabilidad del suministro y las emisiones de carbono.

Ya no basta con pensar en cuánta electricidad se genera

Sin embargo, la política energética ya no termina con la elección de las fuentes de generación. Por mucha electricidad que se produzca, si no puede llegar hasta donde se necesita, no podrá ser utilizada. Se requieren líneas de transmisión y subestaciones y, a medida que aumenta la participación de las energías renovables, adquieren también mayor importancia los sistemas de almacenamiento y la flexibilidad de la red. Y al final de todo ese sistema están las industrias que utilizan esa electricidad.

Por eso, cuando pienso en la energía, considero que junto con la pregunta de “cuánta electricidad debemos producir” hay otra igualmente importante: “¿para qué vamos a utilizarla?”. Es necesario prever qué industrias —la minería y el procesamiento de minerales, la manufactura, los centros de datos y otras actividades— necesitarán electricidad en el futuro, en qué lugares y en qué cantidades, y preparar conjuntamente la generación y las redes necesarias. Cada vez resulta más difícil diseñar por separado la política energética y la política industrial.

Existe además otro factor: el tiempo. La demanda eléctrica de nuevas industrias, como la IA y los centros de datos, puede crecer rápidamente, pero las centrales eléctricas y las redes de transmisión no se construyen de un día para otro. Si se empieza a preparar la infraestructura eléctrica después de que se hayan decidido las inversiones industriales, puede ser demasiado tarde. Así como durante la industrialización fue necesario construir anticipadamente carreteras, ferrocarriles y puertos, las industrias del futuro también requerirán una infraestructura energética preparada con anticipación.

¿Por qué vuelve a mirarse hacia la energía nuclear y los SMR?

El renovado interés mundial por la energía nuclear puede entenderse también desde esta perspectiva. Corea ha acumulado experiencia en el diseño, construcción y operación de grandes centrales nucleares, y el proyecto de Barakah, en los Emiratos Árabes Unidos, le permitió adquirir además experiencia en la construcción de centrales en el exterior. En los últimos años también está desarrollando tecnologías de SMR y reactores de nueva generación.

Los SMR todavía se encuentran en proceso de avanzar hacia una comercialización a gran escala, pero, si la tecnología madura, podrían ofrecer posibilidades para reducir los tiempos de construcción y funcionar como fuentes de generación distribuida. También se estudia su posible integración con otras actividades, como el suministro de electricidad y calor industrial para minas y complejos industriales, la producción de hidrógeno o la desalinización de agua.

Por supuesto, la energía nuclear no es la respuesta a todos los problemas. En el caso de los SMR, todavía será necesario comprobar mediante proyectos concretos su competitividad económica, seguridad, cadenas de suministro y marcos regulatorios. La política energética es demasiado compleja y de demasiado largo plazo como para decidirla únicamente sobre la base de las expectativas depositadas en una determinada tecnología.

Convertir la energía del Perú en la fuerza de las industrias del futuro

El Perú cuenta con recursos hidroeléctricos, el gas natural de Camisea y un importante potencial solar y eólico. Al mismo tiempo, es uno de los grandes productores mundiales de cobre. La interrupción del suministro de gas de Camisea en marzo de este año también invita a reflexionar nuevamente sobre la importancia de contar con sistemas energéticos y cadenas de suministro confiables.

Pero poseer abundantes recursos energéticos y convertirlos en competitividad nacional son dos cosas diferentes. Es necesario transformar el agua, el gas, el sol y el viento en electricidad y llevar esa electricidad de manera estable hasta las regiones donde se necesita. Después, hay que conectarla con la minería, el procesamiento de minerales, la manufactura, los centros de datos y otras nuevas industrias. Solo entonces los recursos naturales pueden transformarse en valor industrial y contribuir a crear nuevos ecosistemas productivos.

Es precisamente aquí donde considero que Corea y el Perú pueden encontrar espacios para pensar y trabajar conjuntamente. Existen posibilidades que van desde las energías renovables, las redes eléctricas, los sistemas ESS y la eficiencia energética hasta, en una perspectiva de más largo plazo, el hidrógeno, la energía nuclear y los SMR, así como el suministro eléctrico estable y la desalinización de agua en las regiones mineras.

Sin embargo, no es necesario comenzar la cooperación escogiendo primero una determinada tecnología o infraestructura. Antes habría que analizar qué industrias quiere desarrollar el Perú, dónde y cuánta electricidad necesitarán y cuáles son actualmente las principales limitaciones de su sistema eléctrico. A partir de ese diagnóstico será posible identificar qué recursos energéticos del Perú pueden complementarse con la experiencia acumulada por Corea en los sectores eléctrico e industrial.

La experiencia coreana no puede ser la respuesta para el Perú. Los dos países tienen recursos y estructuras industriales diferentes. Pero si durante la era de la industrialización las carreteras, los ferrocarriles y los puertos fueron infraestructuras fundamentales para el surgimiento de nuevas industrias, en la era de la IA y de las industrias avanzadas un sistema energético estable y competitivo será una infraestructura esencial para construir los ecosistemas industriales del futuro.

Por eso, la pregunta ya no debería limitarse a qué centrales eléctricas construir o cuánta electricidad producir. También debemos preguntarnos cómo generar la energía necesaria, cómo almacenarla y llevarla hasta donde se necesita y, finalmente, cómo convertir esa energía en nuevas industrias y empleos. La futura cooperación energética entre Corea y el Perú puede comenzar precisamente con esta pregunta.

(*) Ph.D., Doctor Honoris Causa. Diplomático coreano retirado, especialista en América Latina

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