Luis De Stefano Beltrán (*) y Ernesto Bustamante (**)
En la transmisión del virus del dengue y del protozoo del género Plasmodium, causante de la malaria, se requiere la participación de vectores: zancudos hembra de determinadas especies. Tanto machos como hembras se alimentan de néctar y otros azúcares vegetales; solo las hembras pican a personas u otros animales para obtener la sangre que necesitan para desarrollar sus huevos. En Aedes aegypti, principal vector del dengue, existe una marcada preferencia por los seres humanos. El truco es entonces controlar la proliferación de zancudos hembra.
Desde hace décadas, el control de insectos utiliza el principio de liberar machos estériles para que las hembras silvestres no dejen descendencia. En vez de esterilizar mediante irradiación, desde 2019 existe una tecnología llamada técnica del insecto estéril de precisión, o pgSIT. La pgSIT utiliza CRISPR y el cruce de dos líneas genéticamente modificadas para alterar genes esenciales para la fertilidad masculina y, según el sistema, para la viabilidad o capacidad de vuelo de las hembras. Se obtiene así una progenie en la que los machos adultos son estériles y las hembras no contribuyen a la reproducción. La ventaja potencial es evitar la irradiación y facilitar el sexado y la producción a escala. Cuando una hembra silvestre se aparea con uno de estos machos, no deja descendencia viable. Con liberaciones repetidas, la población puede reducirse. Como esos machos son estériles, la estrategia no establece una línea genética persistente.
Esta tecnología es importante para el Perú por dos razones. 1) Salud pública. En 2023 y 2024 el país notificó más de 250 mil casos de dengue en cada año. El vector principal es Aedes aegypti. El Ministerio de Salud fumiga, vacuna y hace prevención; todo eso es necesario, pero puede resultar insuficiente cuando las condiciones climáticas favorecen la reproducción del zancudo. La malaria sigue siendo también un problema importante en la Amazonía. Investigadores de la Universidad de California en San Diego adaptaron la pgSIT a Aedes aegypti en 2021 y, en 2024, a Anopheles gambiae, uno de los grandes vectores africanos de la malaria. En ambos casos, experimentos de laboratorio y en jaulas han mostrado fuerte supresión poblacional e incluso eliminación bajo determinadas condiciones. Falta demostrar su eficacia y operatividad en campo.
2) Agrícola. El Perú es potencia exportadora de arándanos, uvas, mangos y cítricos. La mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata) y especies del género Anastrepha siguen siendo desafíos fitosanitarios por las pérdidas y restricciones comerciales que pueden generar. En el hemisferio norte, la mosca de alas manchadas, Drosophila suzukii, provoca daños importantes en berries y otras frutas blandas. Es pariente cercana de la mosca de laboratorio en la que nació la pgSIT. Agragene, empresa vinculada al desarrollo de esta tecnología, adaptó el sistema a D. suzukii y ha reportado 100 % de esterilidad masculina y letalidad femenina en las combinaciones experimentales evaluadas. Desde 2024 existe además un proyecto cooperativo con el USDA para ensayar estos machos estériles en arándanos u otros frutos pequeños. Un producto comercial requerirá todavía demostrar eficacia, bioseguridad y obtener autorizaciones regulatorias.
El Perú no tiene a D. suzukii establecida como Chile o México; Senasa la ha considerado una plaga cuarentenaria no presente y mantiene vigilancia para evitar su ingreso. No obstante, no hay que esperar a que llegue para preguntarnos si podemos usar la herramienta. Regular un insecto editado exigiría coordinación entre Ambiente, Agricultura y, para vectores, Salud, además de una conversación pública que el país aún no ha tenido, porque buena parte del debate redujo toda la biotecnología a un solo enemigo: el cultivo transgénico. Mientras tanto, importamos soya y maíz modificados para alimentación, usamos productos farmacéuticos obtenidos mediante ingeniería genética y fumigamos barrios enteros. La coherencia no es el fuerte de esa postura. La pregunta para el público es concreta: ¿preferimos seguir dependiendo de insecticidas sobre cultivos y viviendas, o evaluar una herramienta autocontenida que persigue el mismo principio de la técnica del insecto estéril, pero mediante edición genética en vez de irradiación?
En el Perú, la palabra “transgénico” sigue siendo una que evita o cancela conversaciones. En el imaginario popular y mediático —en buena medida por la acción de ONG pseudoambientalistas— evoca supuestos monopolios de semillas, falaces amenazas a las papas nativas y a un país megadiverso que decidió ponerle un candado. La Ley N° 29811 y su ampliación, Ley N° 31111, mantienen hasta el 31 de diciembre de 2035 la moratoria al ingreso y producción de organismos vivos modificados (OVM) con fines de cultivo o crianza, incluidos los acuáticos, que vayan a ser liberados al ambiente. Hay excepciones para investigación confinada, usos farmacéuticos y veterinarios y OVM o sus derivados importados para alimentación o procesamiento. Pero el mensaje político ha sido claro: no a la liberación de transgénicos. En marzo de 2026 el Minam aprobó lineamientos para determinar, caso por caso, si organismos desarrollados mediante nuevas herramientas biotecnológicas —como ciertas formas de edición genética— califican como OVM. La moratoria, sin embargo, sigue en pie. Su aplicación a insectos destinados a liberación dependerá de cómo se determine jurídicamente su condición y finalidad.
Se pide distinguir lo que una ley concebida principalmente en clave de cultivo y crianza no distingue bien: un maíz capaz de reproducirse y cruzarse con parientes compatibles no plantea el mismo perfil de riesgo que un macho estéril diseñado para no dejar descendencia y desaparecer después de su liberación. Los lineamientos de 2026 sobre nuevas herramientas biotecnológicas abren un resquicio: permiten determinar técnicamente si un organismo obtenido por estas tecnologías califica como OVM. Usar esa vía para evaluar insectos de control, caso por caso, con evaluación de riesgo y transparencia, no traiciona el mandato de proteger la agrobiodiversidad. Lo difícil de defender es seguir discutiendo en 2026 con argumentos de 2011 o antes, mientras el dengue continúa siendo una amenaza y una plaga cuarentenaria puede cerrar mercados. La ciencia ya no está en 2011. La actual moratoria, sí. Esa distancia merece una discusión seria antes de 2035.
(*) Biólogo molecular de plantas y profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
(**) Biólogo molecular y excongresista de la República.




