Por César Coloma Porcari
El centro histórico de Chorrillos conserva varios inmuebles del siglo XIX y principios del XX. Uno de éstos es el “rancho” que poseyó don José de la Riva-Agüero y Osma en dicho balneario (Malecón Grau Nº 477), sobre el cual no existe casi ninguna información publicada. Nosotros comentaremos en esta nota, lo único impreso, de valor, sobre la historia de ese importante inmueble decimonónico, declarado Monumento Nacional el año 1980 (“Relación de Monumentos Históricos del Perú”, Lima, Centro Nacional de Información Cultural, 1999, página 60).
Nos referimos al artículo titulado “Yo fui su alarife mayor”, del arquitecto don Héctor Velarde (“Mercurio Peruano” Nº 422, Lima, 1962, páginas 220-226). El autor manifiesta allí, al referirse a Riva-Agüero, lo siguiente: “Dirigí, bajo su magnífico y docto dictado histórico, los arreglos arquitectónicos de su ‘villa’ de Chorrillos (…)”, trabajos que se llevaron a cabo los años 1933 y 1934, tal como lo indica ese autor.
Cabe recordar que se llamaba “rancho” a las amplias casas de veraneo generalmente ubicadas en los balnearios de Miraflores, Barranco, Chorrillos y la Magdalena del Mar. Construidos de adobe y quincha, de una sola planta, con techo de tablones de madera y sobre éstos, una capa de barro llamada “torta”, estos “ranchos” podían ser sencillos o también muy lujosos. Varios de los que han sobrevivido están declarados Monumento Nacional.
El autor, don Héctor Velarde, cuenta que “Riva-Agüero, que asimilaba su viejo rancho de Chorrillos a una ‘villa’ pompeyana por sus elementos clásicos, distribución greco-romana y ubicación de recreo fuera de la urbe, quiso acentuar su carácter latino aprovechando de unas reparaciones”, realizadas en los años ya indicados. Riva-Agüero le dijo a Velarde: “Transformaremos este rancho en una ‘villa’ pompeyana”.
Cuenta además el autor que los zócalos del segundo patio “eran de madera machihembrada y pintados de oscuro”. Velarde le informó a Riva-Agüero que “En Pompeya (…) los zócalos eran generalmente de mármol o de estuco”, y éste último “ordenó que los zócalos se hicieran de estuco”.
Recuerda el arquitecto Velarde que “Se acababa de terminar la obra. Riva-Agüero estaba muy satisfecho. Su patio pompeyano le encantaba; estaba orgullosísimo de él. En su ejecución y en sus detalles habíamos puesto todo nuestro arte y sabiduría, todos nuestros afanes y cuidados, para que ese patio fuera lo más pompeyano posible”.
Pero Riva-Agüero también decidió remodelar un amplio salón de su rancho chorrillano para dedicarlo a sala de sesiones y oficinas de la Academia Peruana de la Lengua. Velarde afirma que “Era un hermoso salón al que se le ornamentaba el techo con casetones clásicos, cuadrados, profundos y ricamente moldurados. Todos los artesanos de la Lima colonial que aún quedaban parecían estar sobre los andamios. El techo tenía unos sesenta casetones”.
Este rancho chorrillano fue severamente afectado en el terremoto del 24 de mayo de 1940. Riva-Agüero aún vivía (falleció el 25 de octubre de 1944). En los terremotos ocurridos en años posteriores (1966, 1970 y 1974), sufrió más daños. Hace unos años, la Pontificia Universidad Católica del Perú, heredera de los bienes de Riva-Agüero, reparó este rancho para dedicarlo a su Escuela de Música. El ambiente es magnífico, por la amplitud de la casona y los árboles de la calle esquinera cuyas copas se ven desde los patios. Anteriormente (2003-2005) la Universidad prestó la casona para que se presentara allí una exposición sobre el terrorismo comunista que tan gravemente afectó al Perú.
(*) Presidente del Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo




